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domingo, 22 de mayo de 2016

Rebelión

por IVAN MEJIA 
EL ESPECTADOR 
Ocho equipos del fútbol colombiano vienen reuniéndose periódicamente con el objeto de plantearles a la Federación y a la Dimayor una petición en tono de chantaje: cambian la tabla de repartición de los dineros de televisión o crean una superliga profesional en la que no tendrán cabida los demás equipos.
Los clubes en mención, Medellín, Nacional, Millonarios, Júnior, Once Caldas, América, Cali y Tolima, consideran que ellos son los que hacen el gran esfuerzo de invertir en millonarias nóminas, los que tienen los mejores equipos gracias a sus contrataciones, los que propician las más altas sintonías en la televisión abierta y por cable, y por ende deberían recibir más dinero que los otros equipos, sometidos al escarnio de “patitos feos”.
La Dimayor sabe de las reuniones, pero espera que el tema sea llevado oficialmente al lugar adecuado para plantear este tipo de situaciones, la asamblea general de clubes, donde sabe perfectamente que el poder de los equipos chicos enterrará cualquier intento de rebelión. También lo saben los ocho y por eso, entre gallos y medianoche, sin debate abierto, por entre las tiendas, avanzan con su idea y lanzan mensajes de rebelión y conflicto a la Dimayor y a la Federación.
Pensar en un campeonato sin los grandes es un fracaso absoluto. Los clásicos Patriotas-Fortaleza o Jaguares-Equidad no llevan público, no concitan interés, terminarían enterrando el fútbol profesional. Pero también pensar en Millos-Cali hoy y nuevamente dentro de 15 días, en la repetición de la repetidera, sería absurdo.
Los ocho equipos ya han recibido mensajes claros de la administración: no se tolerará un movimiento separatista, no se dará vida internacional a ese torneo, si es que se hace, y los grandes jugarán por la gaseosa y el helado, pues no llegarán a copas internacionales.
Particularmente, creo que los ocho tienen razón en algo: sus ingresos por derechos televisivos deberían ser mayores a los chicos. En eso tienen razón. El que más produce, más debe recibir, por eso no entiendo que Tolima esté metido en ese grupo, pues actúa y se comporta como un equipo chico en afición y producción.
No es una moda colombiana, es un virus que viene sacudiendo el fútbol mundial. En Europa también hablan de una superliga, en Brasil ya unos equipos crearon su torneo, en Argentina están en la misma batalla. Pero en Colombia apenas se está gestando y más vale que Federación y Dimayor les salgan de inmediato al corte a los conspiradores, que son ni más ni menos que los “patrones” —Ardilla, Char, Giraldo, Serpa, Pineda y Camargo—, y aclaren las cosas antes de que sea tarde por orgullo y arrogancia.

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