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miércoles, 29 de diciembre de 2010

El ‘Tiburón Borrás’ pide un adiós digno, ESTO ES JUNIOR


Por Rafael Castillo Vizcaíno

La pregunta lo deja en silencio, lo pone a fruncir el ceño y le saca un largo suspiro que le da rienda suelta a lo que piensa... “La verdad es que no me gusta la nueva mascota del Junior. Su acto es inmoral... No le tengo envidia a Willy, él es un buen muchacho. Lo que me duele es la forma como me sacaron”.

Óscar Borrás, mejor conocido en el ambiente rojiblanco como el Tiburón Borrás, es el pensionado de la Telefónica de 62 años de edad que personificaba la tradicional mascota del equipo. Aquel escualo artesanal, hecho de alambre, papel y esponja, ocultaba la cabeza y descansaba sobre los hombros del señor de pronunciado abdomen.

El mismo que minutos antes de cada partido llevaba en sus fauces la camiseta del rival de turno y entraba una y otra vez en el arco visitante para generar el delirio del público y un grito al unísono: “¡Goooooollll!

Ese Tiburón que repetidamente estremecía las redes en medio del calentamiento de los arqueros contrarios y lideraba la salida de los jugadores del camerino, envió una carta de requerimiento al Junior donde solicita: “El homenaje de despedida que me merezco y una indemnización por crear la mascota del club”.

El recordado Tiburón desapareció del gramado y de las tribunas del estadio Metropolitano. La llegada del jocoso, juguetón, pintoresco, bailador, brioso y carismático Willy (encarnado con acierto por Willy Evaristo De la Hoz Martínez), acabó con los días de gloria del viejo símbolo del Junior.

La aparición del moderno Tiburón de plástico, con un motor que lo mantiene inflado, opacó rápidamente el show de Borrás, que poco a poco fue perdiendo protagonismo y encontrando trabas para poder ingresar a la cancha.

“Hasta que un día Lucho Torres (el comisario de campo) me dijo: viejo, Óscar, ya no tiene permiso para entrar”.

Herido por el desplazamiento, Borrás decidió archivar su personaje y alejarse del escenario futbolero. Dice que prende y apaga el radio o el televisor, simplemente para enterarse del marcador de los partidos del Junior, pero prefiere apartarse de cualquier forma de pasión juniorista para que no se le revuelva la nostalgia.

“Cantarle los goles al público me hacía feliz, me dio mucha tristeza que me cerraran las puertas de la cancha. Eso me partió el alma”.

En los últimos días, alentado por familiares y amigos, Borrás comenzó a adelantar una gestión para que los directivos del Junior le realicen un homenaje de despedida “por la puerta grande” y lo indemnicen por “los derechos de autor sobre la mascota del
Tiburón”. “Así yo me retiro y ellos se quedan con Willy”.

Borrás, que también se encuentra vinculado al Carnaval con su disfraz de Fundillo Loco, envió ayer una carta al saliente presidente del Junior, Alejandro Arteta, y al miembro de la junta directiva actual, Roberto Char, en la que solicita que le reconozcan una compensación económica por la creación de la mascota.

“Yo soy la mascota pionera en Colombia y el primero que llevó un Tiburón al Romelio. Antes le decían al Junior Los Miuras. Por mí le empezaron a llamar Los Tiburones”.

En medio de innumerables fotografías y recortes de periódicos que guarda en una polvorienta caja de cartón, Óscar Borrás presenta EL HERALDO el ‘Certificado de registro de obra artística’, diligenciado por uno de sus cuatro hijos en el Ministerio del Interior y de Justicia para asegurar la autoría del Tiburón como mascota del Junior. Afirma que será una de sus pruebas en caso de un lío jurídico al que no le gustaría acudir.

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